Barra Alta y cómo convertir lo sencillo en algo excepcional

Begoña A. Novillo07/11/2022
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Daniel Roca es de esos cocineros que reivindica el producto y la sencillez. Huye de las parafernalias y su cocina presume de productazo. Enamorado de la cocina tradicional, de esas que evolucionan sin perder su identidad, basa su propuesta en elaboraciones sencillas, realizadas con una materia prima insuperable gracias a proveedores que conoce bien: el salmón ahumado con humo natural de piñas piñoneras del Maresme, de su gran amigo Carlos Piernas (Carpier), o las ostras de Thierry, de Huitres Poget de Normandía, de lo mejor del mercado. Confían siempre en Joselito para sus cortes de bellota y, en el caso de los huevos, Cobardes y Gallinas, animales criados en auténtica libertad.

Su cocina sorprende, porque aunque parece sencilla, la técnica y el cariño sobresale en platos tan deliciosos como su melosa Ensaladilla de bogavante estilo rusa trabajada al momento, su tartar de bogavante y vieira, aguacate y kimchi sobre tostada crujiente de maíz o la pluma Joselito, servida poco hecha, con chimichurri, patatas y pimientos.

Otro de los rasgos que define la apuesta de Barra Alta en Madrid son los postres caseros y su amplia bodega. El momento dulce se caracteriza, siguiendo la misma línea que el resto de la carta, por sugerencias de apariencia clásica que se convierten en sorpresa cuando llegan a la mesa. Por ejemplo, su chocolatada con aceite y sal, imprescindible para los amantes del buen chocolate, aunque, sin duda, el postre estrella es la cremosísima tarta de queso, elaborada con cuatro tipos diferentes de quesos, que la llenan de matices y untuosidad.

Su jefa de sala y sumiller, la madrileña Cristina Fernández, está al mando de la bodega. Es una apasionada de los vinos y eso se nota en una carta que cuenta con más de 70 referencias seleccionadas.

A todo este se suma un local con una decoración elegante, acogedora y muy cuidada, que a la vez resulta también cómoda, divertida e informal. Nada más entrar se encuentra la barra, dispuesta para comer o picar, con una zona de mesas altas de mármol, con un aire más casual, pensada para un servicio más desenfadado, para picar o tomar algo e incluso comer. Los tonos azules y grises ayudan a crear un ambiente distendido, que se mantiene al pasar a la sala, con mesas, sillas y sillones que aportan un aire colonial e invitan a comer a gusto y sin prisa en un servicio pausado, apartado del ambiente de la zona de vermuteo.

Si quieres disfrutar de un cocina cuidada donde el producto es protagonista, Barra Alta ha de ser tu elección.

barraalta.rest/mad