Bodegas Carrascas: vinos de terruño

Begoña A. Novillo30/06/2021
Compartir

Bodegas Carrascas nace en 2004 en el seno de la familia Payá. Su objetivo era elaborar y comercializar vinos exclusivos y con alma, con una clara vocación de excelencia para destacar entre los vinos elegidos por los consumidores más exigentes. Un sueño hecho realidad sito en uno de los exclusivos y desconocidos terruños de Castilla-La Mancha, con el alma de los parajes que rodean a los viñedos y la autenticidad de la finca, ambos, pilares de una filosofía que se percibe en cada uno de los vinos. Su primera cosecha sale al mercado en 2012 con la finalidad de sorprender por su perfil de vinos excepcionales.

Está rodeada de un ondulado paisaje con aromas a tomillo y romero, salpicado de míticas sabinas y carrascas centenarias. Se trata de un área protegida en la que con frecuencia se ven ciervos, águilas y avutardas que se detienen a beber en el río Pinilla.

La finca cuenta con unas 540 hectáreas, de las que solo las 55 que rodean la bodega se dedican al cultivo de la vid. Se trata de una pequeña producción en la que se mima la uva desde el campo a la bodega.

Los viñedos están situados a 1.000 metros de altitud, lo que se traduce en un clima continental, que se caracteriza por tener unos inviernos largos y fríos, primaveras medias, y veranos calurosos, con diferencias de temperatura entre la noche y el día de más de 15 grados. Estas especiales condiciones climáticas favorecen una larga y lenta maduración de la uva y aportan una mayor complejidad aromática al fruto.

En Carrascas conviven las variedades blancas viognier y chardonnay, con las tintas tempranillo, cabernet sauvignon, merlot y syrah. Las cepas hunden sus raíces en un suelo arcillo-calcáreo y crecen cultivadas en espaldera, donde reciben más directamente los rayos del sol, que favorecen la maduración y una mejor calidad de la uva. En el viñedo se realiza una poda de invierno estricta donde se busca una productividad muy pequeña por cepa. También se realizan dos podas en verde, así como un despoje de hojas en la parte inferior de las cepas para facilitar el aireo y la entrada de luz en agosto. Toda la viña dispone de un sofisticado sistema de riego que permite aplicar la dosis necesaria de agua para cada momento y a demanda.

Algunos de sus vinos más interesantes son:

El Tomillo Y el Viento bailan. Es elaborado a partir de la variedad viognier, una uva que proporciona aromas de frutas tropicales, carnosas y con una buena acidez natural. Se elabora en depósito con crianza sobre lías entre 9 y 12 meses, hasta que la cata continuada decide que ha llegado el momento de pasar a botella. El resultado es un vino fresco, pero potente, sabroso, complejo, largo en boca y con larga vida en botella. Es el vino gastronómico por excelencia.

Carrascas Tinto. Con este tinto de corte mediterráneo, que se elabora a partir de las variedades syrah y tempranillo, procedentes de cepas de más 15 años, se busca un vino en el que la fruta destaque y tenga personalidad. Para conseguirlo se destinan barricas de roble francés de un año. La duración de su reposo en barrica es de unos 12 meses. Posteriormente se realiza el ensamblaje y vuelve a la barrica hasta su embotellado que se realiza a los tres meses.

En este vino de agradable y franco aroma, se entremezclan los aromas frutales como guinda en licor y cereza con madera limpia. En boca tiene buena entrada y llega al centro de la boca con recuerdos golosos, monte bajo y cacao. Pulido en su final, manifiesta aún una buena estructura que avisa de una buena evolución en botella.

Tiento de Carrascas. Este tinto de corte atlántico es el resultado del ensamblaje de vinos elaborados partir de uvas de las variedades merlot y cabernet sauvignon, procedentes de cepas de más de 30 años. Con este vino se busca complejidad y personalidad. Para conseguirlo se destinan barricas nuevas de roble francés, en las que permanecerá reposando durante 15 meses.

Tiento de Carrascas es un vino tinto de color rojo picota de alta capa. En nariz se presenta tímido, pero en la copa poco a poco se va abriendo. Cuando lo hace, aparece un complejo aroma de gran calidad, con recuerdos de fruta negra de bosque, pan tostado y gran mineralidad. Su gran momento llega en boca, donde se presenta carnoso, con volumen, lleno de sabor. Las notas de buena crianza aparecen en armonía con frutos maduros, con taninos marcados pero bien pulidos. Buen equilibrio entre alcohol, acidez y estructura. Largo en boca y gran persistencia.

carrascas.com