El ‘Camino de hierro’

Begoña A. Novillo06/10/2021
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Naturaleza y patrimonio concurren en los 17 últimos kilómetros de la antigua línea férrea que unía Salamanca con la frontera portuguesa, una ruta paisajística y ambiental en la comarca de las Arribes que realza la riqueza y los encantos de la provincia. A través de este nuevo itinerario turístico, el ‘Camino de hierro’, la Diputación de Salamanca pone en valor su apuesta por el turismo sostenible y seguro en sintonía con las nuevas demandas de los viajeros en tiempos de COVID-19.

Camino de Hierro es un macroproyecto turístico único en el mundo y más de 12.000 personas ya han disfrutado de esta experiencia

La faraónica construcción de la línea se inició en agosto de 1883 y, tras cuatro años de trabajo, en 1887 se realizaba su inauguración en un acto donde dos trenes, uno portugués y otro español, se unieron en el centro del Puente Internacional de Vega Terrón, en La Fregeneda. Hoy en día es en la estación de este municipio donde se inicia la ruta de 17 kilómetros por puentes y túneles hasta el muelle fluvial de Vega Terrón.

Un recorrido peatonal donde la fauna y flora se funden con la grandiosidad de la ingeniería civil más representativa del siglo XIX, el ‘Camino de Hierro’ discurre por las propias líneas férreas, cerradas al tráfico y acondicionadas, para hacer de esta ruta de seis horas una experiencia llena de contrastes. 20 túneles y 10 puentes conforman estos 17 kilómetros que pasan de los 527 metros de altitud en la Estación de La Fregeneda a los 133 de Barca D’Alva por la orografía del terreno escarpado de Las Arribes.

Si los puentes por los que transcurre la ruta son espectaculares, no menos resultan los 20 túneles excavados en este último tramo de la vía férrea, todos juntos suman más de 4 km de longitud. El túnel número 1, con más de 1,5 kilómetros de longitud, construido para salvar el paso de la carretera de La Fregeneda, y el túnel número tres en forma de U son los dos que destacan en el impactante itinerario turístico. Un espacio conmovedor de oscuridad y silencia, roto en ocasiones por la presencia de colonias de murciélagos, fueron construidos mediante explosiones de dinamita, algunas marcas visibles todavía hoy en día, y a golpe de martillo y pica.

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