Lanzarote, una isla insólita.

Begoña A. Novillo15/12/2022
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Situada en el Archipiélago canario, la isla de Lanzarote aúna paisaje, arte, playas, montañas y naturaleza en poco más de 845 kilómetros cuadrados. A lo largo y ancho de su territorio encontramos lugares únicos, exclusivos que nos atrapan nada más verlos. Una de las principales atracciones de la isla, que en su totalidad es Reserva de la Biosfera de la Unesco desde 1993, es el Parque Nacional de Timanfaya. Será nuestro punto de partida en este recorrido tan especial.

Entre 1730 y 1736 Lanzarote sufrió la erupción más larga acontecida en las Islas Canarias que dio lugar a ese paisaje tan característico, en el que predominan las tonalidades negras, ocres, naranjas y rojizas, arenas y lavas basálticas, salpicado de manchas de diferentes colores pertenecientes a las numerosas especies liquénicas que, junto a la silueta de los volcanes y la abrupta costa, confieren al parque una extraordinaria belleza. Además, no se puede olvidar su riqueza biológica y el gran número de endemismos vegetales y animales que allí encontramos. Las Montañas de Fuego merecen una excursión por lo especial que supone adentrarse en un paisaje singular repleto de lugares únicos. Existen diferentes formas de recorrer dicho paisaje (caminado, en bus,..) pero cualquiera de ellas, te dejará sin palabras.

Finalizado nuestro recorrido por la ruta de los volcanes, nos acercamos al Restaurante El Diablo. Obra del reconocido artista lanzaroteño César Manrique ofrece unas vistas increíbles y una cocina sencilla y honesta con presencia de platos canarios y producto kilómetro cero. Además, tienen una pequeña barbacoa en la que se cocina aprovechando el calor de la tierra (resulta insólito y peculiar). Como atracción adicional, a la entrada, encontramos al personal del parque realizando demostraciones de géiseres que atraen las miradas de los allí presentes. Toda una experiencia visual.

Nuestro siguiente destino es el Mirador del Río. Inaugurado en 1973 es obra de César Manrique aunque la realización técnica corrió a cargo del arquitecto Eduardo Cáceres y el artista Jesús Soto, íntimo colaborador de Marique. Es una de sus obras más representativas por la integración de la mano del hombre en el medio natural, una fórmula armónica que une arte y naturaleza.

Su acceso está custodiado por una escultura del autor que representa un ave y un pez. Son una metáfora del agua y el aire, los elementos de mayor presencia en el entorno. Tras atravesar una sugerente entrada, nos encontraremos con dos impresionantes ventanales de forma abovedada. Son los ojos del Mirador, a través de los cuales Manrique concebía una extraordinaria vista panorámica.

Con vistas impresionantes a la isla de La Graciosa, este mirador se encuentra en el Risco de Famara a 475 metros de altutud en la zona más septentrional de la isla. Detrás, podemos ver Montaña Clara, el Roque del Oeste y Alegranza, que junto al Roque del Este, forman el Archipiélago Chinijo, un pequeño conjunto único en el mundo por sus paisajes de origen volcánico y su rica reserva marina, actualmente la mayor de Europa.

En el interior del Mirador se hallan dos grandes esculturas de Manrique y otros detalles decorativos muy propios del artista, así como la escalera helicoidal, un espacio de bar-cafetería, su espectacular terraza superior o la tienda de recuerdos.

Seguimos de ruta y nos vamos a conocer los famosos Jameos del Agua. Inaugurado en 1968 es el primer Centro de Arte, Cultura y Turismo creado por César Manrique y fue declarado Sitio de Interés Científico y Bien de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico.

En los Jameos del agua el artista supo transformar el entorno y realzar aún más su belleza, creando una idílica simbiosis entre la potencialidad de la cueva y sus recursos creativos. Sus vívidas manos, junto a su mente privilegiada, modelaron el basalto hasta dar forma a un espacio único en el mundo. Este curioso ecosistema volcánico alberga unas 77 especies endémicas de gran interés científico, entre las que destaca la Munidopsis Polymorpha, el célebre Cangrejo Ciego, protagonista y símbolo del centro.

El espacio está formado por tres jameos o aberturas. El Jameo Chico, por donde se realiza el acceso al interior y se encuentra el Restaurante, además de una entrada escondida al famoso Túnel de la Atlántida; el Jameo Grande, donde está situada la piscina, y el Jameo de la Cazuela, que se encuentra tras el escenario del auditorio. Un auditorio natural con capacidad para 550 personas formado por piedra basáltica que ofrece una magnífica y extraordinaria acústica.

La propuesta gastronómica es cosmopolita. En su carta encontramos platos contemporáneos elaborados con productos locales como el Filete de cherne a la plancha, acompañado de sus mojos, bouquet de ensalada y papas arrugadas y otros con cierto aire viajero como el Rissoto de setas con leche de coco y curry.

Ponemos rumbo a la Casa Museo del Campesino. Situada en en el centro geográfico de Lanzarote en el municipio de San Bartolomé, la Casa-Museo del Campesino, es la obra con la que César Manrique homeajea a los campesinos de Lanzarote. Es un recorrido por la Arquitectura, Agricultura, Artesanía y Gastronomía tradicional, que se completa con el Monumento a la Fecundidad, una obra vanguardista de más de 15 metros, creada a partir de antiguos tanques de agua de barcos, objetos de hierro y hormigón ensamblados, magnífico reflejo del arte de vanguardia, que se ha convertido en uno de los símbolos iconográficos de la isla.

En su restaurante recorremos los sabores canarios a través de sus pucheros, su gofio escaldado, sus papas con mojo picón, sus pescados o sus carnes, en un ambiente acogedor y tradicional.

Continuamos recorriendo la isla y nos vamos a conocer el exótico Jardín de Cactus. Situado en Guatiza, municipio de Teguise, El Jardín de Cactus es la última gran obra de César Manrique, una fascinante creación que acoge alrededor de 4.500 ejemplares de cactus de unas 500 especies procedentes de los cinco continentes. Este conjunto, premiado internacionalmente y considerado uno de los jardines de cactus más importantes del mundo, resume la rica mezcla de lenguajes que practicaba Manrique.

Tras 20 años de creación, la obra da vida a una arquitectura llena de elementos decorativos y escultóricos que se integran con el entorno, potenciando aún más su belleza natural. Destaca la presencia de la piedra volcánica y los monolitos basálticos convertidos en esculturas, resultantes de la época en la que se extraía tierra; pero es la vivacidad y el exotismo del cactus el que embriaga al visitante en un auténtico escenario poético de formas, texturas y colores.

Seguimos nuestro periplo y nos acercamos hasta el Castillo de San José. Situado en Puerto Nao, un enclave estratégico en la bahía de Arrecife es conocido como la «Fortaleza del Hambre» y fue construido bajo el reinado de Carlos III con fines defensivos. Dos siglos después César Manrique dirigió su acondicionamiento para albergar el Museo Internacional de Arte Contemporáneo, MIAC, estableciéndose como el primer museo de arte contemporáneo de las Islas Canarias.

Desde su inauguración en 1976 ofrece al visitante una destacada colección de artistas internacionales, nacionales y canarios, un programa de exposiciones temporales y actividades culturales. Actualmente y hasta el 23 de Enero podemos disfrutar de la primera exposición individual en España de la artista mexicana Tania Candiani, "Los ojos bajo la sombra", en el marco de la segunda fase de la XI Bienal de Lanzarote.

El museo se complementa con un espectacular restaurante con impresionantes vistas de la bahía que ofrece la construcción semicircular acristalada del edificio y en el que la carta ofrece platos de cuidada presentación que mezclan hábilmente modernidad y tradición, producto de primera calidad y estupendos vinos canarios.

Recorrida la isla y algunos de los edificios y construcciones más interesantes del gran artista César Manrique, nos desplazamos hasta la que fue su casa desde 1968 a 1988 en la que encontramos la Fundación que lleva su nombre.

La Fundación César Manrique (fcmanrique.org) se ubica en la singular y espectacular vivienda emplazada en medio de una colada de lava. En esta construcción, que ocupa 3.000 metros cuadrados, en una finca de 30.000, destaca el diálogo entre el edificio y la naturaleza, fundiendo volcán y arquitectura en una relación de respeto permanente.

La planta superior está inspirada en la arquitectura tradicional de Lanzarote, a la que incorpora elementos funcionales de concepción moderna (amplios ventanales, espacios generosos, iluminación cenital, etc.). En el nivel inferior se aprovechan cinco burbujas volcánicas naturales comunicadas mediante túneles excavados en la lava. Configuran un lugar habitable sorprendente y singular en lo que se refiere a una actuación sobre el espacio natural. Además, puede visitarse la piscina, la pequeña pista de baile, el horno, la barbacoa… todo acompañado de una abundante vegetación y la presencia constante del basalto. El último espacio, a la salida, es el antiguo estudio del pintor, hoy convertido en una sala donde se expone su pintura.

En los jardines que rodean la casa se combinan los contrastes fascinantes de la vegetación, las obras de arte –incluido un colorido mural- , la negrura de la lava, la ceniza volcánica y los “socos” (muros cortavientos) con frutales y otras plantas.

Dejamos el legado de César Manrique para adentrarnos en un espacio natural increíble: La Cueva de los Verdes. Denominada así por la familia que la habitó durante un tiempo, es una singular formación de características paisajísticas y vulcanológicas de un valor extraordinario. Situada al norte de la isla, e integrada en el vasto paisaje volcánico del Malpaís de la Corona, es una de las maravillas que esconden las entrañas de Lanzarote, dotada de un carácter mitológico misterioso y especial.

Tiene una longitud de casi 8 kilómetros y está formada por un complejo de túneles y recovecos con fascinantes bóvedas y lagunas interiores. Su tramo visible está formado por un kilómetro de galerías superpuestas con interconexiones verticales, y en su interior se alcanzan hasta cincuenta metros de altura con anchuras de hasta quince metros. Un recorrido que impresiona y que casombra a cada paso.

Para terminar quiero hablaros de otro de los paisajes más característicos de la isla: La Geria. Situada entre las localidades de Tías, Masdache y Yaiza, de La Geria surgen algunos de los vinos más interesantes de las Islas Canarias. Más de 5.000 hectáreas de cenizas volcánicas son el escenario de una forma de cultivo de la vid única en el mundo. En ese paisaje tan rotundo encontramos unos hoyos de unos 6 metros de diámetro y hasta 3 de profundidad rodeados de una barrera semicircular de malpaís, conocidas como gerias, que protegen las vides del viento. Un paisaje único que se entremezclan con otras plantaciones como las de la Bodega de El Grifo (1775), la más antigua de las Islas Canarias, que merece la pena visitar y conocer de primera mano su Museo del Vino.

cactlanzarote.com