Ron Aldea: El sabor que nos lleva a La Palma

Begoña A. Novillo24/10/2022
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Hace unos días se cumplía un año de la erupción del volcán Cumbre Vieja y quizás ese acontecimiento puso en el mapa para muchos una isla que siempre fue considerada "La Isla Bonita" y en la que, a día de hoy, se han forjado nuevos paisajes que merecen contemplarse de cerca.

La Palma es conocida por su relieve montañoso, su abundante vegetación, sus magníficas playas de arena negra que contrastan con el color turquesa cristalino de sus aguas, sus volcanes, y su espectacular cielo estrellado. En ella encontramos joyas naturales como el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, El Roque de los Muchachos, el Volcán de San Antonio o el Charco Azul entre otras maravillas. Y resulta el lugar idea para practicar senderismo, buceo, surf o trekking. La Palma es un paraíso en toda regla.

Pero si por algo me gusta esta isla es por sus diferentes sabores. En este reportaje nos centraremos en uno de los rones más interesantes de la islas: Aldea.

Uno de los sabores más característicos de La Palma es el del ron, y Aldea lleva casi 90 años ofreciendo algunos de los mejores destilados de Canarias.

Ron Aldea se fundó en 1936 por D. Manuel Quevedo Alemán en el municipio gran canario de la Aldea de San Nicolás de Tolentino. Nacido en Arucas, emigra muy joven a Cuba pasando en 1888 a Santo Domingo, donde, en ambos lugares, ejerció labores en el mundo de los ingenios azucareros.

Una de las novedades que incorpora D. Manuel es un método no común en las elaboraciones de los destilados: la Destilación Directa del Jugo de Caña; con ello, el producto conserva el sabor y aroma puros de la caña dulce. Hoy en día, la cuarta generación mantiene vivo el espíritu de los primeros maestros roneros.

Toda la caña que se utiliza en la fabricación de su ron, ha sido cultivada, cortada y procesada por agricultores de la zona, y el resultado es una materia prima de la mejor calidad. Toda la caña utilizada es cultivada siguiendo prácticas sostenibles y es cosechada a mano.

La caña es almacenada y es clasificada para su molienda por orden de llegada, reduciendo así al máximo el tiempo transcurrido entre el corte de la caña y la extracción del jugo. El jugo o “Guarapo” se fermenta directamente sin ser sometido a ningún otro proceso previo para la extracción del azúcar y sin la utilización de aditivos químicos, manteniendo así intactas, todas sus propiedades naturales. El proceso de fermentación es controlado de forma natural mediante la siembra de levadura autóctona bajo control de temperatura, pudiendo durar alrededor de 30 horas. En el proceso de destilación, se obtiene el aguardiente directamente del guarapo, lo cual, permite al ron mantener el sabor, aroma y bondades de la caña de azúcar recién cortada.

Todos sus rones, se hidratan con agua pura procedente de los nacientes de Marcos y Cordero. Tras ser hidratado, el ron permanece inmóvil y en reposo en tanques de acero inoxidable, durante un periodo mínimo de dos meses, para la correcta integración y ensamblaje de todos su componentes.

Durante largos años, añejan sus aguardientes en madera de roble de distintas procedencias con el objetivo de alcanzar rones complejos de la máxima calidad. El resultado: grandes rones que sorprenden, y mucho.

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