Bar Albariño, cocina marinera y tapeo con acento viajero en Barajas.
A pocos minutos del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, en plena Avenida de Logroño, hay una dirección que reivindica algo tan sencillo —y tan difícil de encontrar— como el placer de comer bien en un bar de barrio. Se llama Bar Albariño y desde septiembre de 2023 ha ido construyendo una clientela fiel a golpe de producto, recetas reconocibles y una cocina sin artificios.
Detrás del proyecto están Álvaro Alcobendas y Patxi García, dos amigos decididos a recuperar la esencia del bar tradicional: un espacio informal donde lo importante sucede alrededor de la barra y la mesa, entre una caña, un aperitivo y platos pensados para compartir. El resultado es un local cercano y animado, con una propuesta que mira especialmente hacia el mar, aunque incorpora también influencias internacionales fruto de la experiencia de García, vinculado durante más de dos décadas al sector de la hostelería en distintos lugares del mundo.
La filosofía de la cocina parte de una premisa clara: recetas conocidas, buen producto y pequeños giros capaces de aportar personalidad sin desvirtuar el carácter de cada elaboración. Así, el tapeo clásico español convive con interpretaciones más viajeras que amplían el repertorio de una carta concebida para disfrutar sin protocolos.
Entre los platos que definen la propuesta aparecen los langostinos en tempura con mayonesa especial, donde el crujiente exterior y un ligero punto picante aportan dinamismo al bocado. También resulta singular el tartar de solomillo y fuet, una combinación poco convencional planteada como opción para compartir. Más reconocibles son las patatas bravas de la casa, servidas con salsa brava y alioli, una elaboración imprescindible en cualquier recorrido por una barra de tapas.
El recetario incorpora además algunos de los guiños internacionales que caracterizan la cocina de Bar Albariño. Es el caso de los boquerones crujientes con ponzu o los mejillones a la marinera asiática, dos propuestas en las que el recetario marinero se encuentra con sabores de inspiración oriental. La carta suma también un chicharrón tierno y crujiente al horno, uno de los platos que mayor aceptación ha encontrado entre la clientela.
Pero si hay un apartado que merece atención especial es el dulce. La tarta de queso manchego, elaborada de manera artesanal, pone el punto final a la comida con una textura cremosa y un marcado protagonismo del queso. Una receta concebida para compartir, aunque probablemente resulte difícil resistirse a dejar el plato limpio.
Más allá de la carta, Bar Albariño recupera esa dimensión social que históricamente ha definido al bar gastronómico madrileño. Su propuesta funciona desde primera hora, con desayunos y cafés, continúa con el aperitivo y las cañas del mediodía, incorpora un menú del día y prolonga la jornada hasta las cenas informales. No se trata, por tanto, de un restaurante de ocasión, sino de un establecimiento pensado para distintos momentos y perfiles de público.
Con un ticket medio de unos 20 euros y un menú del día de 17 euros, Bar Albariño apuesta por una cocina accesible en la que el producto y la elaboración ocupan el centro del discurso. Una barra de espíritu marinero y vocación viajera que ha encontrado en Barajas su particular territorio gastronómico y que demuestra que, en Madrid, todavía quedan bares capaces de convertir un aperitivo improvisado en una pequeña experiencia culinaria.
baralbarino.com


