Entre tinos, brasas y raíles: la gran fiesta enogastronómica del Barrio de la Estación de Haro.
El tren ya casi no se oye, pero en el histórico Barrio de la Estación de Haro siguen sonando otros convoyes: los de las copas que chocan, las botas que se descorchan y los fuegos que se encienden para cocinar una Rioja que hoy se come, se bebe… y se vive. El próximo 13 de junio, la Cata del Barrio de la Estación celebrará su sexta edición y volverá a convertir este rincón a orillas del Ebro en el epicentro mundial del vino y de la gastronomía con acento riojano.
Más de 3.500 personas recorrerán, copa en mano, los jardines, patios y calles que conectan seis casas míticas del vino de Rioja: CVNE, Gómez Cruzado, La Rioja Alta, S.A., Bodegas Bilbaínas – Viña Pomal, Muga y RODA. Un puñado de bodegas centenarias que nacieron aquí mismo, junto a la antigua estación ferroviaria, cuando en el siglo XIX el tren abrió las puertas de Rioja al mundo y puso rumbo a Burdeos los primeros vinos modernos de la región.

Hoy, más de un siglo después, el Barrio de la Estación se ha convertido en uno de los destinos de enoturismo más importantes del planeta. Y la Cata, en su gran ritual contemporáneo.
El formato es sencillo en apariencia, pero de una precisión casi relojera: cada asistente podrá degustar doce grandes vinos —dos referencias por bodega— y armonizarlos con creaciones diseñadas ex profeso por algunos de los cocineros más inquietos y reconocidos del norte peninsular. La alineación impresiona: Ikaro, Nublo y Ajonegro (La Rioja), El Serbal (Cantabria) y Cobo Estratos y Erre de Roca (Castilla y León). Todos con estrella Michelin, todos con una lectura muy personal de su entorno. Porque aquí el juego es de tándems, casi de coreografías a cuatro manos: bodega y restaurante diseñan juntos un pequeño bocado que hable el mismo idioma que el vino.
En Gómez Cruzado, la conversación gira en torno a dos nombres: PANCRUDO 2022 y MONTES OBARENES 2022. Vinos que miran al viñedo y al paisaje serrano. Frente a ellos, Ikaro propone un bikini de caparrones y sus sacramentos, mayonesa de piparras y caldo de su cocción.
En Bodegas Bilbaínas – Viña Pomal, la dupla la forman VIÑA POMAL BLANCO RESERVA 2020 y VIÑA ZACO VIÑEDO SINGULAR 2020. Nublo los acompaña con un sándwich de barriga de cerda, queso Morbier y yema pomada.
En RODA, el tándem lo forman RODA 2022 y RODA I 2020, dos tintos que ya son lenguaje propio de Rioja contemporánea. Ajonegro responde con un taco de cerdo asado al chilindrón.
No toda la fiesta se queda en la ribera del Ebro. En CVNE, los vinos IMPERIAL RESERVA 2020 y MONOPOLE CLÁSICO RESERVA 2021 se encuentran con la cocina cántabra de El Serbal: sobao pasiego, anchoa de Codesa, limón de Novales, mantequilla ahumada y ajo de oso.
En Muga, el blanco FLOR DE MUGA BLANCO RESERVA 2022 y el tinto MUGA SELECCIÓN ESPECIAL 2021 MAGNUM se abrazan a un brioche de ternera japo, acidulados y emulsión ahumada firmado por Cobo Estratos.
La ruta termina —o empieza, según el mapa de cada cual— en La Rioja Alta, S.A., donde VIÑA ARDANZA 2020 y VIÑA ARANA GRAN RESERVA 2017 se sirven junto a una albóndiga de wagyu XL con salsa perigourdine y brioche de patata y trufa creada por Erre de Roca.

La Cata del Barrio de la Estación no se agota en la copa ni en el plato. Las bodegas abren sus puertas con demostraciones de tonelería, trasiegas artesanales a la luz de la vela, exposiciones fotográficas y catas inmersivas que permiten al visitante asomarse a los rituales íntimos del vino de Rioja.
En la zona de acreditaciones, el vino encuentra otro aliado inesperado: el cacao. Kankel Bean To Bar propone una armonía de vino y chocolate en forma de sorbete de vino tinto y peras con láminas de chocolate, mousse de chocolate Perú, bizcocho de chocolate con panettone y trufa de vino tinto.
Y porque ninguna fiesta enológica estaría completa sin un guiño popular, Delicious Gastronomía remata la oferta con paella de carne y verduras variadas, ese lenguaje universal que entiende cualquiera, venga de donde venga.
Más allá de la efervescencia de la jornada, el Barrio de la Estación es un ecosistema vivo todo el año. La asociación que agrupa a las seis bodegas nació en 2007 con un objetivo claro: promocionar sus vinos y desarrollar un enoturismo de calidad que mantenga este enclave como centro de referencia internacional del vino de Rioja.
El apoyo institucional —Gobierno de La Rioja, Ayuntamiento de Haro— y una larga lista de empresas colaboradoras y patrocinadores han permitido que la Cata crezca edición tras edición hasta convertirse en mucho más que un evento enogastronómico: una auténtica celebración colectiva del vino, de la cultura y de la capacidad de las zonas rurales para innovar sin perder raíces.
En palabras de uno de los bodegueros veteranos del barrio, mientras mira las viejas vías que aún atraviesan la zona:
“Antes, desde aquí salían los trenes cargados de vino hacia el mundo. Ahora es el mundo el que viene a buscarnos. Pero en el fondo, la historia es la misma: Rioja, en marcha”.
Y en esa marcha, cada junio, el Barrio de la Estación vuelve a demostrar que hay pocos lugares donde la copa, el plato y la memoria se entiendan tan bien.


