Bodegas Más Que Vinos: identidad, viñas viejas y una mirada contemporánea desde Toledo.

Begoña A. Novillo13/09/2026
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En la alta Meseta de Ocaña, en Toledo, donde el paisaje continental y la altitud imprimen carácter a la viña, Bodegas Más Que Vinos ha construido desde 1999 un proyecto enológico basado en una idea clara: elaborar vinos contemporáneos sin perder de vista el patrimonio vitícola de la tierra.

La historia comenzó con tres amigos y enólogos —Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez— unidos por una misma inquietud profesional. Aquel proyecto nació inicialmente como una empresa de asesoría enológica, vinculada a bodegas como Valduero, Remírez de Ganuza, Alvear, Valserrano o Barón de Ley, pero al mismo tiempo tomó forma la bodega propia, asentada sobre las viñas familiares de Gonzalo en Dosbarrios.

Desde entonces, Más Que Vinos ha desarrollado una personalidad reconocible, apoyada en la viticultura sostenible y ecológica, el respeto por las tradiciones locales y una voluntad constante de experimentar. Su apuesta pasa por trabajar con variedades autóctonas como Airén, Tempranillo —Cencibel en la zona— y Garnacha, además de recuperar variedades que han ido perdiendo presencia en el viñedo regional, como la Malvar.

Los viñedos se encuentran a unos 750 metros de altitud, en un territorio de clima continental y suelos principalmente calcáreo-arcillosos. Buena parte de las cepas son viejas y se cultivan de manera manual y sin riego, unas condiciones que permiten obtener uvas de gran concentración y personalidad.

Esta apuesta por el viñedo es especialmente visible en algunas de sus elaboraciones de parcela. La Malvar de MQV procede de cepas de más de 50 años, plantadas sobre terrenos calizo-yesíferos y de bajos rendimientos. Su elaboración combina una maceración en frío, prensado suave y fermentación espontánea en tinaja y barricas de roble francés, seguida de una crianza sobre lías.

También entre sus referencias de mayor personalidad se encuentra La Garnacha de la Madre, procedente de una parcela de Garnacha Tintorera situada en la finca El Horcajo, y Viña El Señorito de Ercavio, un viñedo de Tempranillo especialmente complejo de cultivar pero capaz de ofrecer una fruta excepcional.

La gama Ercavio representa los vinos que marcaron los primeros pasos de la bodega. En ella conviven referencias jóvenes con elaboraciones de mayor crianza, siempre con protagonismo de las variedades de la zona.

Ercavio Blanco se construye sobre Airén procedente de cepas de entre 60 y 80 años. La vendimia se realiza manualmente y el vino se elabora exclusivamente con mosto yema, con fermentación en frío en depósitos de acero inoxidable. En tintos, Ercavio Tempranillo Joven apuesta por la expresión directa de la Cencibel, mientras que Ercavio Viñas de Meseta incorpora seis meses de crianza en barrica de roble francés.

La gama alcanza una dimensión más limitada con Ercavio Selección Limitada, elaborado únicamente con las mejores barricas y sometido a doce meses de crianza en roble americano.

Una de las líneas más singulares de la bodega es Los Conejos Malditos, elaborada con uvas procedentes de viñas especialmente expuestas a los ataques de los conejos. Más allá de su nombre desenfadado, la colección representa una aproximación a vinos de mínima intervención. Entre ellos destaca Los Conejos Malditos Blanco con Madre, elaborado con Malvar y Airén mediante fermentación espontánea en tinaja, utilizando parte de la uva entera. El vino no se clarifica ni se filtra y no lleva sulfuroso añadido.

La colección incorpora también elaboraciones de Tempranillo y vinos que exploran técnicas tradicionales como la maceración carbónica. El 31 Noviembre, por ejemplo, combina Garnacha Tintorera, Tempranillo y Airén y recupera una elaboración basada en la fermentación espontánea de uvas enteras y el prensado tradicional por fracciones.

La filosofía de Más Que Vinos encuentra su máxima expresión en las Ediciones Premium. Son vinos de pequeñas producciones vinculados a parcelas concretas y a elaboraciones que buscan poner en primer plano el origen.

La Plazuela 2019, elaborado con Cencibel y Garnacha Tintorera, procede de parcelas de entre 60 y 80 años y se cría durante 18 meses en barricas nuevas para completar posteriormente su evolución en ánfora. El vino toma además su nombre de la antigua bodega familiar La Plazuela, de 1851, situada en Dosbarrios.

El catálogo se completa con referencias como El Vino de Antes, un blanco con solera cuya elaboración comenzó en 2011 y que combina Malvar y Airén, o Avienne, un rosado de Garnacha Tinta de cultivo ecológico y bajos rendimientos. También figura Perlas de Otoño, un espumoso rosado Brut Nature elaborado mediante el método

La preocupación medioambiental no aparece en el proyecto como un elemento accesorio, sino como parte de su manera de trabajar. La mayoría de sus viñedos son ecológicos y la viticultura se realiza manualmente y sin riego. En 2022, la bodega recibió además el certificado Sustainable Wineries for Climate Protection, como reconocimiento a su compromiso con la protección del medio ambiente.

Esta filosofía se extiende a otros productos de la casa, como el Aceite de Oliva Virgen Extra Ercavio, elaborado con Cornicabra procedente de olivares centenarios de secano en Toledo. Las aceitunas se recolectan manualmente y se prensan suavemente en frío, sin filtración, aditivos ni conservantes.

El reconocimiento de sus vinos ha trascendido las fronteras españolas. Entre las referencias valoradas por Wine Advocate aparecen La Plazuela 2019 y La Garnacha de la Madre 2021, ambas con 94 puntos, además de El Vino de Antes, Viña El Señorito de Ercavio, Ercavio Selección Limitada, Avienne y otras elaboraciones que alcanzan puntuaciones destacadas.

Sus vinos están presentes, además, en restaurantes y establecimientos especializados de diferentes mercados internacionales, desde Nueva York y Múnich hasta Londres, además de reconocidos restaurantes españoles.

Más Que Vinos representa así una forma de entender el vino en la que tradición y modernidad no son conceptos enfrentados. La recuperación de variedades locales, el trabajo con viñas viejas, las pequeñas producciones y la experimentación enológica conviven con una decidida apuesta por la sostenibilidad.

Desde Toledo, el proyecto de Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez continúa demostrando que el futuro del vino también puede construirse mirando hacia las raíces: al viñedo viejo, a las variedades autóctonas y a ese paisaje de la Meseta de Ocaña que, copa a copa, define la personalidad de sus vinos.

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