Botánicos Álvarez: el arte de mezclar vuelve a cobrar vida en Madrid.

Máximo Mardomingo16/09/2026
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Botánicos Álvarez es el nuevo concepto gastronómico de JW Marriott Hotel Madrid, que recupera el espíritu de la histórica perfumería Álvarez Gómez para trasladarlo al terreno de la gastronomía y la coctelería. La idea parte de un concepto sencillo pero sugerente: mezclar con precisión aromas, ingredientes, sabores y momentos para crear una experiencia contemporánea.

El proyecto se articula en dos espacios con personalidad propia, aunque unidos por una misma filosofía. La Botica ocupa el lobby del hotel y funciona como punto de encuentro informal y urbano, mientras que Sala de Mezclas propone una experiencia gastronómica más reposada y elaborada. Dos maneras diferentes de acercarse a una misma idea: disfrutar del producto, compartir y convertir la mesa en un lugar de encuentro.

La Botica está concebida como un lobby bar abierto tanto a los huéspedes como al público madrileño. Su propuesta culinaria apuesta por una cocina directa, reconocible y desenfadada, con pequeños platos pensados para compartir y con el aperitivo como uno de sus principales referentes.

Entre las opciones de la carta aparecen clásicos como el steak tartar tradicional y las croquetas de jamón ibérico puro, junto a elaboraciones como la lubina picante con patata cristal, el tatín de cebollas y parmesano o los sando. Una selección que busca combinar familiaridad y un punto de creatividad sin perder de vista el protagonismo del producto.

Pero si hay un apartado que adquiere especial relevancia en La Botica es el de la coctelería. Desarrollada por Amarguería junto al mixólogo Alberto Villarroel, la carta parte del concepto twist on classic para reinterpretar algunos de los grandes cócteles de la tradición desde una perspectiva sensorial.

La inspiración procede directamente del universo de Álvarez Gómez y de la relación entre perfumería y coctelería. Aromas, botánicos e ingredientes se convierten así en el hilo conductor de una propuesta líquida que juega con la memoria olfativa y el sabor.

Entre las creaciones figuran Jean Claude Pandam, elaborado con ginebra London Dry infusionada en pandam, cordial de lima y vermú seco; el Negroni Marriott, una versión gasificada del clásico negroni con ginebra London Dry, Campari, vermú dulce y camomila; Chingón, que combina mezcal, limón, kiwi y cacao blanco; y New Fashioned, una lectura del clásico old fashioned con bourbon, flor de sauco, agua de rosas y naranja.

La oferta líquida se completa con vermuts, vinos y destilados, además de ingredientes procedentes en muchos casos del propio JW Garden, reforzando esa conexión entre botánica, gastronomía y coctelería que define el proyecto.

La segunda vertiente de Botánicos Álvarez se encuentra en Sala de Mezclas, el restaurante del proyecto. Aquí el ritmo cambia y la cocina adquiere mayor profundidad, aunque mantiene el carácter reconocible y cercano que comparte con La Botica.

La carta recorre diferentes territorios gastronómicos y combina referencias tradicionales con influencias internacionales. Entre ellas encontramos la ternera en vinagreta de huevo y alcaparras o el milhojas de salmón con mantequilla de hierbas, junto a propuestas como los pappardelle al ragú de buey con parmesano y las pizzas de inspiración italiana.

El fuego y la madera también desempeñan un papel importante en la cocina. Son protagonistas de elaboraciones como el lenguado a la romana con salsa tártara y col en vinagreta o el solomillo a la parrilla acompañado de cebolletas glaseadas al tomillo y foie.

El resultado es una propuesta pensada para comer con calma, en un ambiente elegante y acogedor, donde la técnica permanece al servicio del producto y donde diferentes influencias culinarias conviven sin perder una identidad común.

Con Botánicos Álvarez, JW Marriott Hotel Madrid plantea una oferta que mira hacia la ciudad y que pretende trascender el concepto tradicional de restaurante de hotel. La Botica aporta el carácter social del aperitivo y la coctelería, mientras Sala de Mezclas invita a sentarse y prolongar la experiencia alrededor de la mesa.

En ambos casos, el denominador común está en la importancia concedida al producto, a los aromas y a la mezcla. Una filosofía que enlaza el presente gastronómico con la memoria de un edificio ligado durante décadas a la perfumería madrileña y que encuentra en la combinación de cocina, botánica y coctelería una nueva manera de contar esa historia.

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