CUATRO RAYAS, LA COOPERATIVA QUE TIRA DEL CARRO.
Desde 1935, el proyecto asentado en La Seca funciona como motor rural, demostrando que el cooperativismo puede generar calidad, empleo y arraigo territorial.
Es muy probable que a quien reclame “un Rueda” le toque en suerte alguno de los vinos de Cuatro Rayas, tanto en España como en cualquier otro país (se pida allí como se pida). Pura cuestión de números: desde sus instalaciones en La Seca salen cada año unos 15 millones de botellas para consumo nacional y del de más de medio centenar de países. Estados Unidos, México, Japón o China figuran en la lista.

Pero la cifra, siendo contundente, no explica lo esencial. Cuatro Rayas es, ante todo, una cooperativa, una comunidad. Y eso implica una forma distinta de entender la empresa. Aquí los socios son propietarios y viticultores, más de 300 familias que han construido su vida alrededor de la viña. La firma, que nació en 1935 con la vocación de catapultar a la fama el verdejo dentro y fuera de nuestras fronteras, actúa como eje económico y social en su comarca. Su actividad genera empleo directo en bodega y campo, y también una red de trabajo indirecto de transportistas, empresas auxiliares y suministradores de proximidad. El vino retiene población, talento y riqueza.
Envero y Solera, el paso del testigo
Para que el modelo funcione, Cuatro Rayas ha tenido que solventar uno de los grandes desafíos del campo español, el relevo generacional, reto que ha abordado creando Envero, un comité de jóvenes cooperativistas a través del que se involucra a las nuevas generaciones en la toma de decisiones y en la definición del futuro estratégico. Junto a ellos se sitúa Solera, el grupo de socios veteranos que, jubilados o apartados ya de la primera línea productiva, optan por seguir aportando experiencia y criterio en vez de desvincularse de la asociación. La interacción entre ambos comités promueve la transmisión ordenada del conocimiento, sin rupturas ni nostalgias paralizantes.

Es este mismo sentido de pertenencia, de comunión, el que define las políticas de la cooperativa para proteger su patrimonio vegetal. Desde hace años, las viñas están clasificadas según su edad. Las más viejas, menos productivas pero de mayor concentración y carácter, reciben una retribución por superficie y no por rendimiento, a fin de evitar el arranque de cepas históricas que forman parte del legado común.
Calidad sin complejos
Pero el romanticismo no empaña la calidad del resultado. Cuatro Rayas desmiente el prejuicio simplista de que las cooperativas sólo producen vino de lineal: junto a sus referencias más comunes, la bodega elabora una gama premium de parcelas seleccionadas con elaboraciones precisas. Blancos extraordinarios, generosos que han conquistado a la crítica internacional —como '61 Dorado en Rama’, medalla de platino en Decanter 2025 con la friolera de 97 puntos—pero también tintos, rosados, frizzantes y hasta vermús. A ese compromiso con la calidad se suma el sello propio Green & Social, una estrategia de sostenibilidad que implementa medidas en todos los procesos, desde prácticas agrícolas responsables y normas de eficiencia en bodega hasta disposiciones destinadas a mejorar la vida de socios y trabajadores. Porque esta empresa es una comunidad organizada que tira del propio carro en el que viaja, con un patrón de cooperativismo que no es una reliquia del pasado, sino una herramienta moderna de desarrollo rural.

MADRID IN & OUT RECOMIENDA
Cuatro Rayas Longverdejo GVR 2023
Cuatro Rayas impulsa Longverdejo, un ambicioso proyecto de investigación destinado a ampliar la capacidad de envejecimiento de la verdejo mediante mejoras en el viñedo y la selección de levaduras autóctonas procedentes de bodegas tradicionales de perfil ecológico. Bajo este programa nace Cuatro Rayas Longverdejo, el primer verdejo de la casa con la categoría de Gran Vino de Rueda, una distinción reservada a viñedos de más de 30 años y bajos rendimientos. Elaborado exclusivamente con uvas de viejas cepas en vaso —entre 80 y 100 años en Segovia y más de 40 en Valladolid— procedentes de siete pagos históricos de los socios, este monovarietal puede presumir de una marcada identidad, notable complejidad y sobresaliente vocación de guarda. Vestido de dorado brillante, despliega fruta fresca y golosa acompañada de un marcado carácter mineral y sutiles notas de hinojo que evocan con nitidez su origen. En boca se muestra complejo, voluminoso y equilibrado, con una acidez precisa que prolonga el disfrute.

Cuatro Rayas Cuarenta Vendimias Cuvée GVR 2022
Enólogos de tres generaciones sostienen la gama Cuarenta Vendimias de Cuatro Rayas: Ángel Calleja, creador del histórico Verdejo DO Rueda; Elena M. Oyagüe, al cargo de las elaboraciones actuales; y el joven enólogo Roberto L. Tello, artífice de este Cuarenta Vendimias Cuvée Gran Vino de Rueda. Elaborado con uvas verdejo de cepas en vaso de unos 40 años, procedentes de pagos seleccionados de Serrada y La Seca, combina la crianza sobre lías con un breve paso por barrica para adquirir complejidad y capacidad de evolución. Tras su color amarillo limón pálido encierra intensos aromas a fruta amarilla y recuerdos minerales y de campo fresco con hinojo, pino, tomillo y menta, salpicados con un ápice de humo. En boca es sabroso, con acidez equilibrada y ecos cítricos, florales y herbáceos, además de un discreto matiz lácteo de lías que aporta cremosidad y alarga el recuerdo.
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