El Café de la Ópera acercó la lírica a Madrid con una jornada de música y gastronomía.

Begoña A. Novillo26/10/2026
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¿Quién dijo que para disfrutar de la ópera había que sentarse en un patio de butacas y conocer al dedillo a Verdi o Puccini? El Café de la Ópera demostró que había otras formas de acercarse a la lírica y convirtió el sábado 24 de octubre en una auténtica fiesta musical y gastronómica con motivo del Día Mundial de la Ópera, celebrado el 25 de octubre.

El histórico establecimiento, situado en la calle Arrieta, frente al Teatro Real, organizó una jornada de más de seis horas que combinó actuaciones en directo, apariciones sorpresa, divulgación musical y buena mesa. Una iniciativa con la que quiso acercar este género a nuevos públicos, especialmente a los más jóvenes, y demostrar que la ópera también podía disfrutarse de una manera espontánea, cercana y sin prejuicios.

La celebración arrancó a las 17:30 horas en el gastrobar y la terraza de El Café de la Ópera, con acceso gratuito y actuaciones líricas abiertas al público. La música se integró en la actividad cotidiana del local y llegó hasta la calle, sorprendiendo tanto a los madrileños como a los visitantes que paseaban por el entorno del Teatro Real.

Durante la tarde, los intérpretes aparecieron entre los asistentes y transformaron distintos rincones del establecimiento en pequeños escenarios improvisados. La propuesta incluyó el encuentro «Tu primera ópera», pensado para quienes todavía no habían tenido contacto con este género, y «El Brindis de la Ópera», uno de los momentos colectivos de la jornada.

La iniciativa fue más allá de las actuaciones. Tras algunas interpretaciones, los propios artistas explicaron al público las piezas que acababan de cantar, su contexto y algunos detalles del repertorio. Una forma amena de descubrir las grandes composiciones de la lírica y comprender mejor un género que, pese a su enorme riqueza cultural, todavía puede resultar desconocido para parte del público.

A partir de las 20:30 horas, la celebración continuó en el salón principal con una edición especial de Una Cena Cantada, la experiencia que El Café de la Ópera llevaba ofreciendo desde hacía cerca de tres décadas.

La velada combinó un menú exclusivo con maridaje y un espectáculo protagonizado por los artistas de su propia Compañía Lírica, bajo la dirección artística de Manuel Ganchegui. Ataviados con trajes de época, los intérpretes recorrieron el repertorio operístico y rindieron homenaje a algunas de las romanzas más conocidas de la zarzuela española.

Aquí, la música no se quedaba sobre un escenario ni establecía una distancia entre artistas y comensales. Las voces aparecían entre las mesas, recorrían el salón e interactuaban con el público, convirtiendo la cena en una experiencia participativa en la que gastronomía y espectáculo compartían protagonismo.

El menú diseñado para la ocasión comenzó con croquetas de jamón ibérico sobre hoja de plátano con mermelada de piquillos y salmorejo de mango con helado de aguacate y sal negra de Hawái. Como platos principales, se sirvieron salmón a la plancha con salsa de Pedro Ximénez y patatas baby a las finas hierbas, además de confit de pato a la naranja con parmentier cremosa. El broche dulce lo puso una tarta cremosa de queso gallego con teja de chocolate negro y helado artesano de violeta.

El apartado líquido acompañó la propuesta con Finca Os Cobatos Godello, Negu de Baigorri y Kripta Rosé, una selección que completó la experiencia gastronómica. El precio de esta edición especial fue de 90 euros por persona, con reserva previa.

Desde su apertura en 1997, El Café de la Ópera ha construido una propuesta singular en Madrid, donde la cocina de autor convive con la música en directo. Su ubicación, frente al Teatro Real, lo ha convertido en un espacio estrechamente vinculado al universo lírico de la capital.

Uno de sus principales distintivos ha sido Una Cena Cantada, por la que han pasado voces líricas de reconocido prestigio y pianistas de primer nivel, ante un público llegado de distintos lugares del mundo. La cercanía de los intérpretes y la integración de la música en la experiencia gastronómica han definido una fórmula que sigue apostando por hacer accesible la lírica sin renunciar a la calidad artística.

La celebración del Día Mundial de la Ópera se sumó así a esa filosofía: sacar la música de sus espacios tradicionales, acercarla a la calle y despertar la curiosidad de quienes todavía no habían descubierto su atractivo.

Porque, al final, para disfrutar de la ópera no siempre hace falta conocer todas sus reglas. A veces, basta con escuchar una voz en directo, dejarse sorprender y compartir una buena cena.

Elcafedelaopera.com