Gante, maestros flamencos y mucho más. Un destino inigualable.
Nos escapamos a Gante, la ciudad que vio nacer al emperador Carlos V para disfrutar de sus maestros flamencos y de mucho más. En Gante, situada en el corazón de Flandes, el arte y la historia se funden en una mezcla magistral. Desde la catedral de San Bavón, con su arquitectura gótica, hasta los murales de la iglesia de San Salvador y las obras de Antoon van Dyck en la iglesia de San Miguel, aquí se pasa literalmente de un lugar impresionante a otro.
Los Maestros Flamencos son los pintores que marcaron la pintura internacional entre los siglos XV y XVII. Sus obras se encuentran en museos de todo el mundo, pero cobran aún más vida en los lugares para los que fueron concebidas en su momento.

Gante es una ciudad pequeña y cómoda de recorrer a pie. Su nombre proviene del celta y significa "confluencia", en relación a los dos ríos que pasean por la ciudad (Lys y Escalda). Conocida como la ciudad de las tres torres (Catedral de San Bavón, el Campanario Municipal -Belfort- y la Iglesia de San Nicolás), pasear por ella se convierte en un placer visual porque a cada paso descubres un lugar sorprendente y mágico. Regresar al medievo es cosa fácil.
La Catedral de San Bavón es un espléndido edificio que mezcla los estilos románico, gótico y barroco y es una de las visitas obligadas de la ciudad. Su relevancia principal radica en dos hechos principales: aquí fue bautizado en 1500 el emperador Carlos I de España y V de Alemania y en su interior se encuentra un auténtico tesoro artístico como es La Adoración del Cordero Místico de los hermanos Hubert y Jan van Eyck. Con esta obra maestra, los hermanos van Eyck cambiaron la dirección de la historia del arte; además, encontramos otras obras importantes de artistas como Rubens, Frans Pourbus el Viejo, Gaspar de Crayer o Lucas de Heere.

La construcción de la Torre del Campanario (Belfort) comenzó en 1313. En su interior se puede observar una exposición de campanas, entre las que se encuentra la famosa campana Roland, con su mítico dragón pintado en oro. La subida permite conocer el mecanismo del carillón de su reloj y observar una de las mejores vistas de la ciudad; como dato anecdótico decir que cada cuarto de hora podemos escuchar una melodía diferente. Fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1999.
La Iglesia de San Nicolás fue construida en el siglo XIII sobre un templo más antiguo incendiado en 1176. Es un claro ejemplo del denominado gótico escaldiano, con una fachada exterior de acusada verticalidad de la que sobresalen los grandes contrafuertes flanqueados por torres. Durante la Revolución Francesa fue devastada y utilizada como cuadra de caballos; desde entonces se inició un amplio proceso de reconstrucción, que todavía sigue a día de hoy, para convertir este monumento en uno de los más bellos de la ciudad.
Si quieres darte un buen baño de pintura barroca, la iglesia de San Miguel es el lugar ideal. Allí podrá contemplar el Cristo en la Cruz de Anton van Dyck, sin duda una obra maestra flamenca. No sólo verá el sufrimiento de Cristo, el dolor de María y la crueldad de los soldados romanos, sino que los sentirá. Basta con echar un solo vistazo a esta obra y entenderás enseguida por qué Anton van Dyck es considerado uno de los grandes de todos los tiempos.
La última iglesia que visitamos es la de San Salvador. En esta iglesia –conocida como la iglesia de la Santa Navidad o de los Marineros– no tiene sentido buscar la Obra Maestra flamenca en cuestión. Resulta que el artista, Théodore Canneel, veía la capilla como obra total. Nada más entrar, le bendice un Cristo de cinco metros de alto bajo el cielo estrellado. Una hermosa y colorida obra neobizantina y auténtica joya oculta en la ciudad.

Para terminar con la estela de lugares imprescindibles hay que hablar del Ayuntamiento. Es un edificio magnífico con una variedad excepcional de estilos en el que el gótico flamígero de la fachada de la calle Hoogpoort, contrasta con el sobrio estilo renacentista de la fachada del Botermarkt. En el interior, descubrirá una gran variedad de estilos como la Sala del Arsenal, con una hermosa bóveda de madera, o la maravillosa Capilla Nupcial, iluminada por seis vidrieras que representan a los condes de Flandes.
Pero una vez visitados los monumentos más característicos de Gante, toca pasear, hacer fotos por doquier y disfrutar de las bellas calles, de sus animados bares, de la linde del río y gozar de la ciudad en todo su esplendor. Por detrás de las calles de Korenmarkt se encuentran las zonas de los antiguos muelles de Graslei (Muelle de las Hierbas) y Korenlei (Muelle de los Granos), dos de las imágenes más conocidas de Gante en la que el despliegue de arquitectura románica, gótica y renacentista invade el paisaje. Sobre el río Lys se encuentra también el famoso Puente de San Miguel (si te colocas justo en el centro del puente de San Miguel veréis las tres torres de Gante: el Belfort, la de la Catedral de San Bavón y la de la Iglesia de San Nicolás).
Pero tras una larga jornada, toca reponer fuerzas. Si hablamos de Gastronomía, tenemos claro que lo más característico son los Moules-frites (Mejillones y patatas fritas) y una rica cerveza, pero la restauración en Gante es extensa y locales de diseño, conviven con otros más pequeños para ofrecer propuestas innovadoras a lo largo y ancho de la ciudad.
Si eres de los que les gusta el deporte, la región también está sembrada de itinerarios ciclistas y de senderismo.
¡Disfruta de la hospitalidad, la accesibilidad y una estancia inolvidable en una región llena de cultura y naturaleza!
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