GranDuke: el lujo de cocinar sin etiquetas en el corazón oculto de Jorge Juan.

Begoña A. Novillo11/04/2025
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En una ciudad donde las aperturas gastronómicas compiten por captar la atención inmediata, todavía existen proyectos que optan por el susurro frente al ruido. GranDuke es uno de ellos. Escondido en un discreto callejón de la madrileña Jorge Juan, este restaurante no busca ser tendencia: aspira a definirla desde la libertad absoluta.

Más que una apertura, GranDuke se presenta como una declaración de intenciones. Aquí, la cocina se concibe como un lenguaje global, sin fronteras ni etiquetas, donde la tradición no se replica, sino que se interpreta.

El espacio no es casual. Ubicado en un edificio histórico vinculado al Marqués de Cubas, el restaurante recoge ese legado aristocrático para reinterpretarlo desde una sensibilidad contemporánea. El resultado es un comedor que evoca la casa de un “gran duque” moderno: cosmopolita, viajado y hedonista.

Lámparas de araña, moqueta blanca y una iluminación íntima construyen una atmósfera que oscila entre lo clásico y lo irreverente. Pero lejos de caer en la solemnidad, el conjunto respira desenfado. GranDuke no es un museo: es una casa viva, pensada para compartir.

Detrás de esta propuesta están Javier Cobo y Emiliano Celli, dos cocineros de trayectorias distintas pero visión convergente.

Cobo, madrileño, aporta una mirada contemporánea cimentada en su paso por algunas de las cocinas más influyentes del país. Su cocina parte del respeto profundo al producto ibérico y a la tradición del guiso, pero se expresa con precisión actual.

Celli, romano, introduce el peso de la memoria rural italiana: la cocina de pastoreo, la caza, el recetario transmitido como forma de vida. Su experiencia en España le permite dialogar con el producto local desde una perspectiva híbrida.

El resultado no es una fusión al uso, sino una cocina de autor que prescinde de etiquetas porque no las necesita.

La propuesta gastronómica de GranDuke es deliberadamente contenida en extensión, pero amplia en discurso. Cada plato funciona como un punto de encuentro entre territorios, técnicas y memorias culinarias. Así conviven elaboraciones como el mero de costa curado, el tortello de ricota con hierbabuena, mollejas y botarga, o una lenteja beluga con gamba roja y nata de oveja que redefine el concepto de legumbre. Los noodles caseros con ragú de jabalí dialogan con una urta reposada acompañada de gazpacho templado de espinaca, mientras que el guiso de callos —convertido ya en icono de la casa— reivindica la vigencia de la cocina más castiza.

No hay jerarquías entre tradición y vanguardia: ambas se integran en un mismo relato.

La bodega refuerza este enfoque global. Diseñada como una colección de descubrimientos, reúne referencias nacionales, europeas y del Nuevo Mundo, seleccionadas por su capacidad de expresar el terruño. Conviven perfiles clásicos —como grandes tempranillos o garnachas biodinámicas— con etiquetas más arriesgadas, champagnes de pequeños productores o vinos con largas crianzas. La intención no es impresionar, sino acompañar el discurso culinario con coherencia y carácter.

Con apenas una treintena de comensales, GranDuke apuesta por la cercanía. El espacio gira en torno a “La Mesa del Duke”, una mesa imperial pensada para compartir, que condensa la esencia del proyecto: comer como en casa, pero mejor.

El recorrido se completa con detalles que refuerzan su identidad cosmopolita, como la presencia de obras del artista británico Vincent Vee o una estética que incorpora guiños neoyorquinos incluso en los espacios más inesperados.

GranDuke no intenta encajar en ninguna etiqueta gastronómica, y ahí reside precisamente su fuerza. Es un restaurante que entiende el lujo desde la libertad: la de cocinar sin restricciones, la de mezclar sin complejos, la de disfrutar sin normas.

En un contexto donde la alta cocina a menudo se define por conceptos rígidos, este proyecto reivindica algo más esencial: el placer de comer bien, con identidad y sin artificios innecesarios.

Porque, al final, GranDuke no quiere ser el restaurante de moda. Quiere ser el restaurante al que volver.

granduke.es