Bajo la vegetación del Jardín del RITZ la desconexión es posible.
Cuando se abre la verja del Jardín del Ritz el ruido de los coches se apaga como si alguien bajara el volumen del mundo exterior. Huele a romero recién cortado, a cítricos, a pan tostado. Un espacio sereno, acostumbrado a ver pasar generaciones de comensales. Porque el Jardín del Ritz ya no es solo el espacio exterior de un hotel histórico: es un destino gastronómico en sí mismo.

En el Jardín encontramos parejas, grupos de amigos, turistas o algún ejecutivo que hace una videollamada rápida antes de dejar el móvil sobre la mesa. Hay un rumor constante, pero nada estridente y los pájaros ponen la música a una experiencia única e irresistible. Abierto todo el año (si el tiempo lo permite), el bello Jardín del Ritz se convierte en un atmosférico y elegante destino al aire libre. Con una carta que ofrece una fantástica colección de amuse-bouche tapas, así como originales cócteles con y sin alcohol y vinos de todo tipo y D.O; el Jardín de Ritz anima a encontrarse, relajarse, comer y beber mientras disfrutan del amable clima madrileño.

Guiados por el talento del renombrado chef con estrellas Michelin Quique Dacosta, el Jardín invita a un viaje inigualable por el universo de la alta cocina y las bebidas más excepcionales. Todo ello en un espacio único, impecablemente diseñado, que rinden homenaje al hedonismo más regio.

En la carta, los platos juegan al equilibrio entre memoria y modernidad. Cocina creativa, rica en sabores y colores que atrapan la mirada nada más llegar a la mesa. Los platos salen con un ritmo preciso. No hay prisas, pero tampoco tiempos muertos. En su propuesta encontramos Ostras, Tartar de vaca vieja con tuétano, Tatín de tomates asador con crema de almendra, Gamba blanca al Josper con sichimi togarashi y aceite de oliva Coupage, Lenguado con pil pil de piparra y chalaquita de cacahuete, Bechamel de Txangurro con quisquillas o Pollito picantón con puré de patata asada Cebollita reina glaseada y vinagreta de pimiento, entre otras delicatessen.

En sala, la complicidad entre el equipo se nota. Saben cuándo retirarse, cuándo contar un detalle del plato, cuándo recomendar compartir, y la excelencia también está ahí. Con todos ellos. Porque el equipo de sala es fundamental en un espacio como éste. La coctelería merece capítulo aparte. Una carta solvente repleta de sabor y esencia completa una propuesta única y exclusiva.

El encanto del Jardín del RITZ va más allá de lo fotogénico. Es el escenario perfecto para una jornada perfecta. Un refugio verde en pleno corazón urbano donde pasado y presente se sientan a la misma mesa, brindan con vermut casero y se quedan, un rato más, disfrutando de la sobremesa.
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