Jorge Arévalo ilustra el Madrid que resiste al olvido en la nueva exposición permanente de Letoh Gran Vía.
Hay ciudades que pueden recorrerse con un mapa y otras que solo se entienden a través de los recuerdos. Madrid pertenece a esta segunda categoría. Más allá de sus monumentos y de las postales que consumen millones de visitantes cada año, existe una geografía emocional formada por bares, salas de conciertos, cafés y espacios culturales que han construido la identidad de varias generaciones de madrileños.
Es precisamente ese territorio sentimental el que recupera "Quédate en Madrid", la nueva exposición permanente del ilustrador Jorge Arévalo en Letoh Gran Vía, una muestra compuesta por cinco obras inéditas que convierten lugares icónicos de la capital en piezas de memoria visual. El Palentino, Rock-Ola, La Mandrágora, Lady Pepa y Joy Eslava son los protagonistas de una serie que no pretende documentar el pasado, sino reflexionar sobre aquello que permanece cuando la ciudad cambia.
La elección de Arévalo resulta especialmente pertinente. Ilustrador, director de arte y diseñador madrileño, su trayectoria ha cruzado algunas de las cabeceras internacionales más prestigiosas —The New Yorker, Vanity Fair, Vogue, Harper's Bazaar, Esquire o Rolling Stone— desarrollando un lenguaje visual caracterizado por la síntesis formal, el uso expresivo del color y una mirada profundamente ligada a la arquitectura y al paisaje urbano. Sus ilustraciones no reproducen la realidad; la reinterpretan desde la emoción y la memoria.

En esta ocasión, el artista traslada esa sensibilidad a cinco escenarios fundamentales de la cultura madrileña. Desde la barra inconfundible de El Palentino, refugio durante décadas de vecinos, periodistas y artistas, hasta la energía irrepetible de Rock-Ola, epicentro de la Movida; pasando por La Mandrágora, templo de la canción de autor, Lady Pepa, símbolo de una noche madrileña más libre y desprejuiciada, y Joy Eslava, una de las salas que mejor representan la evolución del ocio y la música en la capital.
Lejos de plantearse como una exposición nostálgica, Quédate en Madrid propone una lectura contemporánea sobre el patrimonio inmaterial de la ciudad. Las ilustraciones funcionan como pequeños archivos sentimentales que invitan a preguntarse qué ocurre cuando desaparecen los lugares donde una comunidad ha construido parte de su identidad. La arquitectura puede transformarse, los negocios pueden cerrar y las calles cambiar de aspecto, pero determinados espacios continúan habitando la memoria colectiva mucho después de haber dejado de existir.
La exposición inaugura además Collection of Moments, un nuevo programa cultural impulsado por Letoh que llevará intervenciones artísticas a sus hoteles de Madrid, Bilbao, San Sebastián y Sevilla. La iniciativa parte de una idea cada vez más presente en el ámbito de la hospitalidad contemporánea: entender el hotel no únicamente como un espacio de alojamiento, sino como un agente cultural capaz de dialogar con el entorno y contribuir a preservar la identidad de las ciudades que habita.
En este contexto, el proyecto conecta también con el fenómeno de la staycation, esa invitación a redescubrir la propia ciudad desde una mirada diferente. Frente a un turismo acelerado que consume destinos, Collection of Moments propone detenerse en las historias que construyen el carácter de cada lugar y acercar tanto a visitantes como a residentes a la cultura local a través del arte.

La decisión de instalar la muestra de manera permanente en Letoh Gran Vía refuerza precisamente esa vocación. Las obras de Arévalo no quedan confinadas al espacio expositivo tradicional, sino que pasan a formar parte de la experiencia cotidiana del hotel, compartiendo protagonismo con sus espacios abiertos al barrio y convirtiendo el tránsito de huéspedes y vecinos en una oportunidad para el encuentro con la creación contemporánea.
En un momento en el que muchas ciudades europeas debaten cómo preservar su identidad frente a la presión turística y la transformación urbana, Quédate en Madrid plantea una reflexión sencilla pero necesaria: la memoria también puede exponerse. Y quizá el arte sea una de las formas más eficaces de recordar que una ciudad no se define únicamente por sus edificios, sino por las historias que sus habitantes siguen siendo capaces de reconocer en ellos.



