Los Conejos Malditos: el vino español que conquista la gran pantalla y seduce al paladar.
Hay vinos que nacen para acompañar una comida… y otros que parecen destinados a convertirse en relato. Los Conejos Malditos, el tinto de Bodegas Más Que Vinos, pertenece sin duda a esta segunda categoría: un vino con carácter, con historia, y ahora también con presencia cinematográfica. Su aparición en la película Una batalla tras otra, dirigida por Paul Thomas Anderson y protagonizada por Leonardo DiCaprio, lo eleva a una dimensión donde el vino deja de ser solo bebida para convertirse en símbolo.
En una de las escenas finales del film DiCaprio sostiene una copa de este tempranillo toledano. El gesto, aparentemente cotidiano, encierra una poderosa declaración estética: la elección de un vino honesto, con identidad, profundamente ligado a su origen. Como sucede con las grandes botellas, no es casualidad, es narrativa.

Procedente de la alta Meseta de Ocaña, a 750 metros de altitud, Los Conejos Malditos nace de viñas viejas cultivadas en ecológico, donde la intervención humana es mínima y el paisaje dicta el ritmo. Su nombre, tan evocador como irreverente, rinde homenaje a los verdaderos protagonistas del viñedo: los conejos que, al devorar parte de la producción, provocan rendimientos bajos y, paradójicamente, uvas de mayor concentración y calidad.
En copa, el vino despliega una personalidad franca y vibrante. Su color profundo anticipa una nariz intensa, donde dominan las notas de cereza negra madura, flores violetas y un delicado fondo mineral. En boca es jugoso, equilibrado, con una frescura que invita a seguir bebiendo y un final que deja una impronta sincera, casi emocional. Es un vino que no pretende impresionar, sino conectar.
Detrás de este proyecto se encuentran Margarita Madrigal, Alexandra Schmedes y Gonzalo Rodríguez, tres enólogos que, tras una sólida trayectoria asesorando algunas de las bodegas más prestigiosas de España, decidieron en 1999 dar forma a su propia visión del vino. Así nació Bodegas Más Que Vinos, un proyecto donde tradición y modernidad conviven con naturalidad: tinajas de arcilla, ánforas de cemento y técnicas respetuosas con el entorno conviven con una mirada contemporánea y audaz.

Hoy, Los Conejos Malditos no solo es uno de los vinos más reconocibles de la bodega, sino también un embajador de una forma de entender la viticultura: sostenible, honesta y profundamente ligada al territorio. Su presencia en Una batalla tras otra no hace sino confirmar lo que muchos aficionados ya sabían: que estamos ante un vino con alma, capaz de trascender la mesa para formar parte de una historia.
Y quizá ahí resida su mayor encanto. Porque, como en el cine, los grandes vinos no se olvidan: se reviven.

