Los Gabrieles, el regreso de una leyenda madrileña entre azulejos, flamenco y cocina castiza.
Hay lugares que forman parte de la memoria de una ciudad mucho antes de convertirse en patrimonio. Los Gabrieles es uno de ellos. En pleno Barrio de las Letras, en el número 17 de la calle Echegaray, este histórico establecimiento vuelve a abrir sus puertas después de más de 21 años cerrado para recuperar un capítulo esencial de la vida social, artística y gastronómica de Madrid.
La historia comenzó el 12 de enero de 1907, cuando la prensa madrileña anunciaba la apertura de un nuevo restaurante en la calle Visitación, 7, actual C/ de Manuel Fernández y González, conocido inicialmente por su cocido para llevar. Apenas dos años después se trasladaría a su ubicación actual, donde evolucionaría hasta convertirse en taberna-restaurante y colmado andaluz, incorporando además actuaciones de flamenco en directo.

Con el paso de las décadas, Los Gabrieles se convirtió en mucho más que un establecimiento hostelero. Fue escenario de la vida madrileña y punto de encuentro de artistas, intelectuales, toreros, políticos y personajes populares. Por sus salas pasaron nombres tan vinculados a la historia cultural española como Federico García Lorca, Valle-Inclán, Antonio Chacón, Pedro Almodóvar o Manolete. También fue frecuentado por el rey Alfonso XIII, Manuel Azaña y Ava Gardner, entre muchas otras personalidades. Una clientela heterogénea, en la que convivían celebridades y madrileños anónimos, contribuyó a convertir el local en uno de los grandes referentes de la noche capitalina.

“Gabrieles” era una manera popular de referirse a los garbanzos en la jerga madrileña y andaluza, una legumbre inseparable de la cocina tradicional y, especialmente, del cocido. No es casualidad, por tanto, que el establecimiento adoptara esta denominación cuando abrió sus puertas en 1907 como una casa de comidas de carácter popular, donde el cocido, los callos, la vaca estofada y otros platos contundentes formaban parte de su identidad gastronómica.
Pero si hay algo que distingue a Los Gabrieles es su extraordinario patrimonio artístico. Sus paredes están revestidas por espectaculares composiciones cerámicas que le valieron el sobrenombre de “Capilla Sixtina de los azulejos andaluces”. El conjunto, protegido como patrimonio cultural, constituye uno de los elementos más singulares del establecimiento y explica buena parte de su valor histórico.

Este conjunto histórico, realizado principalmente durante las primeras décadas del siglo XX, reúne el trabajo de grandes nombres de la cerámica como Enrique Guijo y Alfonso Romero Mesa, responsables de buena parte de los impresionantes murales que cubren sus paredes. La cerámica llegó al local, en buena medida, de la mano de acuerdos publicitarios con bodegas y otras marcas, transformando lo que inicialmente era publicidad comercial en auténticas obras de arte.
Ahora, la reapertura incorpora también una nueva generación de creadores. La restauración llevada a cabo por ECRA ha permitido conservar el legado histórico y, al mismo tiempo, integrar intervenciones contemporáneas de Miki Leal, Alvar Haro, Xavier Monsalvatje, Ana Nance y Cristóbal Quintero, artistas vinculados a la escena española actual y familiarizados con las posibilidades expresivas de la cerámica. Sus piezas aparecen integradas en diferentes espacios y muros del edificio, estableciendo un diálogo entre la tradición azulejera de Los Gabrieles y el lenguaje artístico del siglo XXI.

El resultado permite volver a recorrer espacios históricos como los conocidos “cuartos” del sótano o la Sala de las Provincias, que recupera ahora su función como escenario para eventos y música en directo. De esta manera, la recuperación de Los Gabrieles no consiste únicamente en devolver a Madrid una taberna histórica. También supone mantener vivo un espacio en el que gastronomía, arte y cultura popular han estado vinculados desde sus orígenes. El nombre recuerda al cocido y a los garbanzos; los azulejos cuentan un siglo de historia; y los nuevos artistas demuestran que ese patrimonio todavía puede seguir creciendo.
La nueva etapa de Los Gabrieles recupera también su dimensión gastronómica. Al frente de la cocina se encuentra el chef Ander Galdeano, que plantea una propuesta inspirada en la cocina tradicional y el recetario popular, con Madrid y Andalucía como territorios de referencia.

La filosofía encaja con la propia historia del establecimiento: una cocina reconocible, ligada a la tradición y al carácter popular de las antiguas tabernas madrileñas, pero reinterpretada desde una mirada contemporánea. El recuerdo de aquel primer restaurante que alcanzó notoriedad gracias a su cocido conecta así con una nueva propuesta que pretende recuperar el espíritu de la gastronomía de siempre sin convertirlo en una pieza de museo.
La experiencia se completa con una bodega diseñada por Rebeca Bellido, concebida para reunir una selección de vinos nacionales e internacionales vinculados al imaginario del lugar. La propuesta vinícola amplía así el recorrido gastronómico y refuerza la idea de Los Gabrieles como espacio para comer, beber, conversar y disfrutar sin prisas.
Si algo explica la personalidad histórica de Los Gabrieles es la convivencia entre gastronomía, música y vida social. El flamenco fue durante décadas uno de sus principales reclamos y contribuyó a convertirlo en un punto de referencia de la noche madrileña. Ahora la música vuelve a ocupar un lugar central, aunque ampliando los registros y dando cabida también a otros estilos, entre ellos el jazz.
La programación musical estará vinculada a diferentes promotores, que imprimirán una identidad propia a cada jornada. La intención es recuperar aquella idea del restaurante como lugar de encuentro y no simplemente como espacio donde sentarse a comer.

Los Gabrieles vuelve, por tanto, con una vocación que va más allá de la gastronomía. Su nueva vida pretende recuperar el carácter social que convirtió al establecimiento en testigo de buena parte de la historia reciente de Madrid: desde los años de la monarquía hasta la democracia, pasando por distintas generaciones de artistas y personajes de la vida pública.
Más de un siglo después de su fundación, la antigua taberna regresa al Barrio de las Letras convertida en un singular cruce entre patrimonio, restauración y cultura. Los azulejos cuentan la historia, la cocina recupera el recetario popular, la bodega pone el vino en primer plano y la música devuelve al espacio su antigua condición de escenario.
Los Gabrieles no pretende vivir únicamente de la nostalgia. Su verdadero reto es más interesante: demostrar que un lugar con tanta memoria todavía puede formar parte de la vida contemporánea de Madrid. Y hacerlo alrededor de una mesa, una copa y una buena conversación, como ha ocurrido siempre en las mejores casas de la ciudad.
losgabrieles.es


