Planta Baja: bajar las escaleras y subir el nivel del tardeo madrileño.
En pleno centro de Madrid, a un paso de la Castellana, hay un lugar donde todo empieza con una frase sencilla: “nos vemos abajo”. Y no, no es solo una indicación geográfica. Es casi una declaración de intenciones. Porque en Planta Baja, lo que ocurre bajo tierra tiene más que ver con la calidez de un salón compartido que con la típica coctelería al uso.
El proyecto nace de algo tan poco impostado como una amistad. La del bartender Kevo Jacoby y el chef Juan D’Onofrio, dos argentinos con recorrido, carácter y una idea muy clara: crear un espacio donde la hospitalidad no sea un detalle, sino el eje de todo. La pregunta que se hicieron al empezar lo resume bien: si viviéramos juntos, ¿cómo sería nuestro salón ideal? La respuesta es este sótano con alma de casa.

Aquí no se viene solo a beber, se viene a quedarse. La carta —corta, afinada, sin fuegos artificiales innecesarios— reúne 14 cócteles que juegan a ser reconocibles, pero con giro propio. Nada de complicaciones gratuitas: el foco está en el sabor.
Hay técnica, claro. Maceraciones, fermentaciones, clarificaciones… pero siempre al servicio de la experiencia. El destilado deja de ser el protagonista absoluto para convertirse en parte de un conjunto más interesante. Así aparecen combinaciones como la Paloma Porteña, con mate y ese punto herbal que engancha; el Pika Sour, ya favorito del público; o el Melón Vino, una reinterpretación veraniega que entra peligrosamente bien. Todo fluye con naturalidad, como en esas reuniones donde cada uno aporta algo distinto y, contra todo pronóstico, encaja.

Detrás de los platillos está Juan D’Onofrio, también alma de Chispa Bistró, que aquí aterriza con una propuesta breve pero contundente. Platos fríos, precisos, pensados para acompañar pero con entidad propia: magret de pato, vitello tonnato o bresaola que funcionan como ese invitado que no hace ruido pero eleva la conversación.
Si algo distingue a Planta Baja es que la música no está de fondo: está en el centro. Aquí se escucha en vinilo, como ritual y como filosofía. Nada de playlists impersonales. El sonido, rediseñado junto a Admire Audio, apuesta por una experiencia inmersiva, cálida, casi táctil.

Los fines de semana, los DJs toman el relevo con sesiones que buscan algo más que animar: construir comunidad. Porque este espacio va también de eso, de reunir a gente con curiosidad, con oído y con ganas de compartir algo más que una copa.
El interiorismo acompaña la idea desde el primer paso. Sofás cómodos, iluminación suave, ladrillo visto y una distribución que invita a relajarse. Hay algo doméstico, casi íntimo, que hace que el tiempo aquí funcione de otra manera.

La cabina del DJ no se esconde: se integra. Se convierte en punto de encuentro, en conversación, en experiencia compartida. Porque en Planta Baja todo gira en torno a lo mismo: estar presentes.
Y sí, cuando dicen “nos vemos abajo”, lo dicen muy en serio.

