Salón Paralelo: la elegancia del trago clásico y el alma del bar de barrio conquistan Justicia.
En pleno corazón de Madrid, el nuevo proyecto de Daniel Rincón propone una vuelta a las raíces de la coctelería: sin artificios de autor, con la calidez de un salón de casa y el compás del funk, el jazz y el soul.
En un panorama gastronómico donde la coctelería de autor a menudo busca deslumbrar con nitrógeno, esferificaciones o puestas en escena teatralizadas, Salón Paralelo irrumpe en la escena madrileña con un manifiesto radical por su sencillez: reivindicar la vigencia imperecedera de los grandes clásicos.

Ubicado en el número 10 de la Travesía de San Mateo, en pleno barrio de Justicia, este nuevo enclave reinterpreta el concepto del bar de barrio tradicional desde un prisma cosmopolita, refinado y profundamente acogedor.
En Salón Paralelo nada es pretencioso. La propuesta líquida se articula en torno a recetas que han superado la prueba del tiempo: desde variaciones magistrales de Negronis y deslumbrantes Spritz, hasta una ejecución impecable de Martinis, Sours, Old Fashioned o Tom Collins. Entre las señas de identidad de la casa destacan su refrescante Madrid Sour y un contundente Negroni Sour (con precios que oscilan entre los 12 € y 13 €).

Para quienes buscan otras opciones, la oferta se complementa con cócteles sin alcohol cuidadosamente equilibrados, una selección de vinos españoles que huyen de las etiquetas previsibles y la elegancia fría de la cerveza japonesa Asahi.
El espacio nace de la complicidad creativa de Rincón con sus socios: Valeria Gimeno, responsable de la identidad visual y el diseño, quien contó con la asesoría de interiorismo de Gabriela Múnera; mientras que tras la barra reina la destreza y el temple de Juanda Forero, bartender, comunicador y DJ colombiano. El propio nombre del local es un guiño al mapa del barrio —por su trazado paralelo a La Social—, pero sobre todo a su vocación interior: recrear la intimidad de una sala de estar donde apetece quedarse. Maderas cálidas, luces ténues, velas y una atmósfera pensada para el confort invitan a cruzar el umbral desde la calle.

Presidiendo el salón, un gran piano de cola adquirido en una subasta actúa como corazón sintiente del espacio. Lejos de ser una pieza museística, sobre su madera descansan las copas mientras articula conversaciones impensadas entre desconocidos. A Salón Paralelo se acude solo a leer en la barra, en pareja para una cita íntima o con amigos para alargar la jornada. La música —articulada en vinilos entre el funk, el hip-hop, el jazz y el soul— acompaña el ritmo orgánico de la velada: a medida que avanza la noche, la luz se atempera, el volumen sube y la conversación fluye de manera natural hacia la pista improvisada.
En definitiva, Salón Paralelo no busca ser una moda efímera en la agenda de la capital, sino ese refugio urbano de cabecera al que siempre se quiere regresar.


