Sushi Nikkei, cocina que mira a Japón y Perú sin complejos y cierto toque galáctico.
Lejos ya de la sorpresa que causaban hace años las primeras barras de sushi en la ciudad, Sushi Nikkei (C/ Emilio Muñoz, 35) se ha ganado en muy poco tiempo un lugar propio apostando por una cocina que mira a Japón y Perú a la vez. No es “otro japonés más”: es un restaurante que articula su propuesta alrededor del concepto nikkei, ese cruce gastronómico nacido de la emigración japonesa a tierras peruanas, donde el respeto absoluto por el producto se mezcla con la potencia cítrica, el picante y la frescura de la despensa latinoamericana.

La cocina nikkei vive de la tensión entre precisión y desenfado. Por un lado, la técnica japonesa: cortes exactos, arroz trabajado con rigor, fondos limpios, caldos sutiles. Por otro, el impulso peruano: la lima, el cilantro, los matices ahumados, los toques dulces y ácidos que rompen la sobriedad nipona sin destruirla. En Sushi Nikkei esa dualidad se traduce en una carta donde los clásicos japoneses conviven con reinterpretaciones marcadamente peruanas. El comensal puede pasar de un nigiri minimalista, donde el pescado es el único protagonista, a un tiradito perfumado con cítricos, crujientes vegetales y salsas cremosas que coquetean con el picante.
Aunque el sushi es, como indica el nombre, el hilo conductor del restaurante, la experiencia está diseñada para compartir y encadenar bocados distintos en una misma comida.

Suelen aparecer en mesa Entrantes fríos que remiten al Perú: ceviches ligeros, tiraditos cortados al estilo sashimi pero bañados en leche de tigre, ensaladas con toques de sésamo, soja y cítricos; Makis y uramakis creativos, donde el alga, el arroz y el pescado se acompañan de ingredientes menos ortodoxos en clave japonesa (aguacate, salsas con ají, mayonesas especiadas, frutas tropicales) que aportan volumen y textura sin caer en lo barroco; Nigiris clásicos y de fusión o Platos calientes que se solicitan desde la carta y llegan a través de un trenecito galáctico. El resultado es una carta flexible, pensada tanto para una cena informal a base de makis y cerveza japonesa como para una comida más estructurada, con entrantes, principales y final dulce.
Uno de los pilares de Sushi Nikkei es el cuidado del producto, especialmente en lo que respecta al pescado. La cocina japonesa no admite demasiadas máscaras: si la materia prima no es buena, el plato lo delata al primer bocado. En la cocina nikkei, aun con la capa añadida de salsas y aliños, esa exigencia se mantiene.
La selección de pescados y mariscos —salmón, atún, pescados blancos, pulpo, mariscos de temporada— se combina con una atención especial al punto del arroz, verdadero termómetro de cualquier barra de sushi que se precie. Esa base sólida permite al equipo de cocina jugar luego con contrastes, texturas y matices peruanos sin que la propuesta pierda elegancia.

En lo estético, Sushi Nikkei apuesta por una atmósfera contemporánea con toque interestelar: Un espacio futurista pensado para que vivas algo diferente.
El equipo de sala se mueve en un registro informal pero atento: se explica el concepto nikkei a quien lo desconoce, se orienta en la elección de platos según gustos y tolerancia al picante, se sugieren maridajes que van desde vinos blancos frescos y espumosos hasta cervezas y destilados de corte asiático.
Más allá de la novedad del cruce Japón–Perú, Sushi Nikkei se plantea como un restaurante al que volver: apto tanto para una comida de diario como para una cena especial, con una relación calidad-precio que busca ser competitiva dentro del panorama de cocinas fusión de la ciudad.
En definitiva, Sushi Nikkei se suma al mapa gastronómico madrileño como una buena puerta de entrada al universo nikkei: suficiente personalidad para distinguirse, respeto por el producto y una carta que invita a explorar el mestizaje entre Japón y Perú, con el punto lúdico de ese tren que reparte los platos calientes y convierte cada visita en una experiencia memorable.
sushinikkeimadrid.com


